Yo y los gobernadores de mi pueblo

A MANERA DE INTROITO

En mas de alguna ocasión –durante el largo término que estuvo fuera del presupuesto y que fue cuando realmente nació, creció y murió nuestra relación amistosa- tozuda y machaconamente  insistí a Don Gilberto Flores Muñoz para que escribiera sus memorias personales y políticas; ..”” Mire don Gil, -le argumentaba- Ud., carece de todo derecho para guardar en su ronco pecho lo que le dijo y lo que no le dijo Ruiz Cortinez a Ud., y Ud., a Ruiz Cortinez,.. .y sobre todo los detalles de la sucesión presidencial del 58…  esos sucesos no son de su patrimonio personal como lo son sus sementales indo-Brasil ..sino que pertenecen al  patrimonio de todo un pueblo porque constituyen los entresijos de su  historia…así como otras experiencias y anécdotas personales y el que Ud., no lo haga..es una omisión punto menos que irresponsable”“…


Para eso es Ud., muy bueno” -me contestaba en tono de broma ligera – “para acabar o para convencer a  la gente con esa lengua  ponzoñosa de víbora mazacuata…” hasta que, finalmente, accedió a platicar de sus experiencias que, suponíase, yo pondría por escrito y conservaría los textos que él revisaría para su publicación oportuna, en la inteligencia que se reservaba todo derecho a determinar el momento oportuno  durante el transcurso de su vida; determinación que a mí correspondería si en razón de la diferencia de edades, llegare a sobrevivirle.-

 

“”Ándele, pues, ándele …para que ya no siga jodiendo, ….-por fin me dijo el “Tigre”.-.” .tráigase su aparatito a segunda condición de que  yo no tenga a la vista  la cebolla esa”  (dijo indicando el micrófono).

 

Se verificaron tres o cuatro entrevistas grabadas con ese propósito en un par de casettes y todo el proyecto quedó ahí, trunco  un par de meses después, como trunca quedó   nuestra supuesta o real amistad.- A los cassetes los truncó esa humedad pegajosa de los veranos tepicenses y no es aquí el momento de recordar las minucias del rompimiento de nuestra relación personal.

 

Viene a mi recuerdo que fue entonces cuando de regreso de un viaje a Mérida,  donde había visto publicaciones de memorias de yucatecos cuando me nació la idea de escribir mis propios testimonios o experiencias, aunque no signifiquen entresijos histórico-político de proporción nacional o de las más altas esferas del poder, como hubiere sido el caso de Don Gilberto Flores Muñoz, sino simples chismes o anécdotas, de mi propia historia y de lo que en mi ya larga vida, he tenido en suerte ser testigo. (Posteriormente Julio Scherer publicó en Excelsior una entrevista con Don Gil, magistral por su calidad de periodista, pero –por la naturaleza propia del reportaje-  restringida al tema a la sucesión presidencial del 58) y dejando fuera otros aspectos de la vida política y personal que hubiere sido interesante conocer independientemente de estar de acuerdo o no con sus tácticas y estrategias; el anecdotario revelador de su marrullería de ranchero ladino; el conocimiento que tenía de la gente y sus facultades de manipulación, como lo llegamos a conocer el reducido grupo del que fui integrante.

 

Así, ya sesenteando, quiero cumplir también con aquella obligación que  impone  a todo ser humano pensante, -digo y enfatizo pensante- la máxima, al parecer china, de sembrar un árbol y escribir un libro, aunque este sea de tema limitado a mis propios recuerdos autobiográficos destinados primeramente a mi mismo y luego a un reducido número de gentes que siento muy cercanas a mi y estoy seguro que, aún sin mencionar sus nombres en pomposas dedicatorias sabrán a sí mismos identificarse y estarán muy seguras de sus sentimientos de inclusión.-

 

Hace ya lustros, y lo digo con todo orgullo que dejó  de importarme lo que de mí diga o no diga, piense o no piense ese ente amorfo etéreo e intangible de imposible definición que parece servir de poderoso agente  regulador de conductas de “la gente normal”;  sus debes, debieras o deberías prevalecientes en la sociedad y en la civilización en las que tuve en suerte nacer y vivir quedan dentro de mis altos grados de importamadrismo;

 

En alguna ocasión Emilio M. González –típico exponente del homo sapiens nayaritense por poseer todos los defectos y las cualidades de la tribu y gran conocedor de esta  comentó en alguna ocasión a mi hija Ana Eugenia haciendo referencia a mi, que “si algo he admirado de tu padre –le dijo, es que  “desde mocoso, lo he visto hacer y decir lo que le pega la gana”.

 

Por otro lado creo tener en el tintero algunas cosas mas o menos interesantes que compartir sobre lo que viví en Tepic, ciudad en que me tocó nacer y el propósito de contarlas tal y como yo las viví, de manera totalmente subjetiva pero también, sin la mínima intención de herir o perjudicar a nadie.- Para alguno que crea que tiene en sus manos una obra histórico-política objetiva y apegada a rigor científico, yo le diría de antemano que estará muy equivocado; solo se trata de dejar a mi magín peregreñar recuerdos e interpretaciones personales teniéndome a mi mismo como más importante destinatario; de manera secundaria a los auto identificatarios y terciaria al resto de la humanidad.- Ojalá pueda lograr mi propósito.

 

Por último, voy a seguir un consejo que me dio hace unas semanas el Doctor José María Muría, Presidente del Colegio de Jalisco.- (Cuando logro colarme entre los intelectuales,  o cuando menos sií logro quedarme callado y escuchar, siempre he aprendido algo).- La ocasión se presentó recientemente, cuando cenando en Puerto Vallarta acompañados de mi hermana Ana Elda y de una amiga común, Alisa,  -que nunca ha tenido contacto con la vida tepicense o nayarita- y al comentarles en vía de charla que tenia algunas cuartillas guardadas en mi computadora personal, José María me insistió en la necesidad de continuar escribiendo y lo hizo con argumentos similares a los que utilicé con Flores Muñoz que al principio aludo, agregando:  “Mira, Germán, cuando escribas tus experiencias hazlo suponiendo que se las estás contando a Alisa –que no sabe nada de estos temas que no conoce ni el lugar, las gentes, las costumbres y su entorno; no hagas supuestos previos; es decir, para que no supongas que quien llegare a leerte, ya tiene conocimiento de muchas cosas que pudieran parecerte insustanciales y las omitas; no des por hecho que tus lectores las conozcan y no te olvides de esos que pudieras considerar pequeños detalles.- Piensa que se los estás platicando a Alisa y no a tu hermana, quién por el solo hecho de serlo y haber vivido mucho de lo tuyo, ya sabe de antemano muchos de esos pequeños detalles y minucias.- Así es como se va escribiendo la historia”.

 

Van enseguida pedazos de la mía propia.

 

La Cruz de Huanacaxtle. Municipio de Bahía de Banderas –(antes Compostela).- Junio del 2,001.

Germán Goldman Serafín

 

Espera las siguientes secciones muy pronto – Property Journal -

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